Durante aproximadamente 40 semanas, has gestado a tu bebé dentro de vos. Durante ese tiempo, no solo le has brindado alimento y oxígeno, sino que también le has ofrecido tu calor, tus emociones, tu ritmo y tu amor. El útero materno no es solo un espacio físico: es un entorno relacional y neurobiológico donde se forma la base de la salud física, emocional y vincular del bebé.
Tu bebé no está desconectado de lo que vivís. Percibe los cambios hormonales, siente tus emociones a través del cortisol y la oxitocina, escucha tu voz, se calma con el sonido de tu corazón y se mece con cada uno de tus movimientos. Esta conexión es profunda, sensorial y continua.
La neurociencia ha demostrado que desde el segundo trimestre de la gestación, el bebé ya reacciona a estímulos auditivos y táctiles. Incluso antes de nacer, reconoce la voz materna y, al momento del nacimiento, es capaz de distinguirla de otras voces. También distingue el olor de la piel de su madre y se orienta de manera espontánea hacia el pecho para succionar, un reflejo vital que forma parte de un programa biológico diseñado para sobrevivir y vincularse (1,2).
Dentro del útero, tu bebé ha habitado un entorno cálido, estable, contenido. Un espacio con luz tenue, sonidos amortiguados y sensaciones rítmicas, similares a estar dentro del agua. De pronto, el nacimiento representa una transición radical. El paso por el canal de parto, las contracciones, la presión, la primera respiración, el cambio de temperatura, el contacto con el aire, los sonidos, la luz… todo eso constituye un estrés fisiológico necesario, pero profundo (3).
Cuando el nacimiento es respetado —sin interrupciones innecesarias, sin separación abrupta, sin intervenciones rutinarias— el bebé tiene más posibilidades de adaptarse con calma, regular sus constantes vitales, iniciar la lactancia espontáneamente y vincularse afectivamente con su madre o persona cuidadora primaria (4). Sin embargo, cuando el nacimiento se ve alterado por prácticas invasivas, ambientes hostiles o separación temprana, ese estrés fisiológico puede convertirse en distrés biológico, afectando los procesos de autorregulación, el inicio de la lactancia y el establecimiento del apego seguro (5).
Es fundamental comprender que el nacimiento no es solo un evento médico, sino un proceso neurobiológico, hormonal, emocional y espiritual que involucra a la madre y al bebé como un sistema interdependiente. Aunque el cordón umbilical se corte, la conexión continúa. Vos y tu bebé siguen siendo un mismo sistema: un vínculo de resonancia emocional, inmunológica y hormonal.
Desde la neurobiología del apego, sabemos que el contacto piel con piel inmediato y continuo tras el parto:
-Regula la temperatura, el ritmo cardíaco y la respiración del bebé.
-Reduce el llanto.
-Mejora el inicio y la duración de la lactancia materna.
-Disminuye los niveles de cortisol (hormona del estrés).
-Aumenta los niveles de oxitocina, fortaleciendo el vínculo madre-bebé (6,7).
Estos beneficios no son solo emocionales: tienen un impacto directo en el neurodesarrollo, la inmunidad, la salud metabólica y la estabilidad emocional a largo plazo.
Por eso, te invito a acompañar a tu bebé durante esta transición. No lo tomes como algo automático. Reconocé que para él o ella todo es nuevo, intenso y desconocido. Tu presencia es su ancla. Tu voz lo calma, tu pecho lo orienta, tu piel lo regula.
Honrá todo su proceso: desde la gestación hasta los primeros días, que hoy se reconocen como el periodo de exterogestación, en el que el bebé sigue necesitando cuidados similares a los que recibía dentro del útero. Durante los primeros tres meses de vida, el contacto continuo, el porteo, la lactancia frecuente, el colecho seguro y la respuesta sensible a sus señales no solo lo ayudan a sobrevivir, sino a desarrollar su seguridad emocional y su arquitectura cerebral (8).
Tu bebé necesita de vos. No de una versión perfecta, sino de tu presencia amorosa, tu disponibilidad física y emocional. Hablale, sostenelo, nombrale el mundo. Pero también escuchalo. Observá sus gestos, su llanto, sus pausas, sus silencios. Él también tiene algo que decir.
Esta no es solo una etapa para cuidar a tu bebé. Es también una oportunidad para construir juntos una base de seguridad, confianza y vínculo que marcará profundamente su forma de amar, de aprender y de habitar el mundo.
Con amor, paciencia y conciencia podés acompañarlo a transitar esta nueva vida fuera del útero, sabiendo que seguirán estando unidos, ahora desde otro lugar.
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Dra. Marianela Hernández Chaves
Especialista en parto fisiológico y emergencias obstétricas
Especialista en lactancia materna
Educadora perinatal
Referencias
1.Kisilevsky BS, Hains SMJ. Fetal sensitivity to properties of maternal speech and language. Infant Behav Dev. 2011;34(4):570–81.
2.Hepper PG, Scott D, Shahidullah S. Newborn and fetal response to maternal voice. J Reprod Infant Psychol. 1993;11(3):147–53.
3.Lagercrantz H. The birth of consciousness: How the brain becomes aware. Springer; 2016.
4.Moore ER, Anderson GC, Bergman N, Dowswell T. Early skin‐to‐skin contact for mothers and their healthy newborn infants. Cochrane Database Syst Rev. 2012;5:CD003519.
5.Buckley SJ. Hormonal physiology of childbearing: Evidence and implications for women, babies, and maternity care. Childbirth Connection; 2015.
6.Uvnäs-Moberg K, Handlin L, Petersson M. Self-soothing behaviors with particular reference to oxytocin release induced by non-noxious sensory stimulation. Front Psychol. 2015;5:1529.
7.Bystrova K, Widström AM, Matthiesen AS, et al. Skin-to-skin contact may reduce negative consequences of “the stress of being born”: A study on temperature in newborn infants, subjected to different ward routines in St. Petersburg. Acta Paediatr. 2003;92(3):320–6.
8.Bergman NJ. The neuroscience of birth—and the case for zero separation. Curationis. 2014;37(2):1–4.